domingo, 4 de mayo de 2008
jueves, 3 de abril de 2008
Nuevo día, nueva vida...
Los motivos son los siguientes:
1- Soy republicano.
2-O eres negro o eres blanco, es decir, elijas los que elijas siempre serás un extremista.
3- No existe la libre elección, cada pieza cumple impepinablemente una función determinada hasta el día de su muerte.
4- Promueve la diferencia de clases, aunque la figura del rey sea torpe y ensalce la importancia de la mujer, siendo la reina la pieza más eficaz.
5- Fomenta la diferencia de razas y el racismo, las blancas mueven primero.
6- En conclusión, es un juego demasiado real para considerarlo como tal.
Estás son las principales razones por las que promuevo mi minísculo boicot al popular juego de mesa.
Atentamente,
Roberto Sálathe.
domingo, 30 de marzo de 2008
Análisis pormenorizado II: Gibraltar Madrileño
Para que engañarnos los ingleses han propagado su cultura y costumbres por todo el globo y España no se ha salvado de la corona británica.
Es cierto que se regodean en su brit-cultura, conducen por la izquierda, lo que les ha obligado a señalizar en cada uno de los cruces de Londres hacía donde mirar antes de cruzar, usan la milla para medir, sistema métrico decimal y sistema internacional están solo fuera de sus fronteras, pies, pulgadas, todo un zoológico de unidades de medición que nos descoloca el cerebro, su fish and chips es realmente repugnante, el Sol, un invitado de lujo en sus cielos, la libra esterlina nubla nuestra mente euromonetaria y la larga lista de excentricidades se extiende por sus territorios de ultramar, sin embargo, también nos han aportado maravillas, The Clash y el punk,probablemente gracias a la lluvia la juventud tuvo que enclaustrarse en sus garajes y escribir música sin parar, y claro, algo bueno tenia que surgir.
Como decía, no solo Gibraltar conduce por la izquierda en España. En Madrid la tradicional Calle de Alcalá nace de una semilla británica, que pensarán Ana Belén y Victor Manuel de su archiconocida Puerta de Alcalá si se enterarán de que la calle que surca los costados del madrileño monumento apesta a Charles, Camila Parker y Buckimham, sí, sí, el tráfico que circula por Alcalá hacía la céntrica plaza Sol lo hace por el lado izquierdo de la calzada...que contrariedad, en el corazón de la capital española tenemos una de las avenidas más famosas y castizas con esencia Rolling Stones, que gran victoria inglesa!!!y no Trafalgar!!!en el siglo XXI queda otra colonia inglesa en la península, y no me refiero al Peñon...
Vayan a verlo, compruebenlo por ustedes mismos, tomen cualquier autobús que vaya hacía Sol por Alcalá y experimentarán un caleidoscopio sensorial cuando vean los coches circular al revés de lo normal, los edificios imperiales a los lados, hasta la gente adquiere un tono rosáceo en la piel, toda una anomalía espacio-temporal. Creo que el 56 hace el recorrido dimensional.
Aunque mirando el lado positivo del asunto por el módico precio de 1€, no un pound, podremos experimentar Londres a un suspiro de su hogar, puede ser turista en su propia ciudad.
No olvide realizar el paseo un día lluvioso y con los Beatles en su iPod, o lo que sea que use, coga un capirote de periódico, llénelo de patatas fritas y de pescado malo rebozado,si justo cuando cambie el sentido del tráfico la grasa traspasa el papel e impregna su mano al tiempo que McCartney canta: let it beeee, let it beeeeeeee, hágale caso, dejálo ser...estamos en Inglaterra!!!
jueves, 13 de marzo de 2008
La ruta natural
Habla por si mismo y no deja de descolocar el dogma que intentamos destruir en este blog...
Disfrutadlo!!!
La muerte como nacimiento, el nacimiento como comienzo de la incertidumbre, el dinero como necesidad impuesta....y así hasta que germina la filosofada pregunta...
viernes, 18 de enero de 2008
Análisis pormenorizadoooo
Estrenamos nueva sección: análisis pormenorizado.
Aqui, como ejercicio de imaginación, empezaremos a juguetear con el otro lado, ese mundo que esta a la vuelta de la esquina y que solemos pasar de largo.
Hoy: el asfalto de mi calle.
Siendo fieles a la realidad no es mi calle, es la calle en la que se estrella la mía, pero si sigues hacia la derecha, al final encontrarás un pequeño tesoro: una anomalía del espacio-tiempo.
El asfalto, esa mazamorra pestilente que se pega en los zapatos cuando el Sol aprieta, el nuevo suelo donde surgen las raices de nuestra grisacea civilizción ha dejado escapar un guiño del pasado; los viejos adoquines.
Otro prueba de la manía que tenemos por los remiendos.
Si seguimos el trazado de la calle veremos lo falsamente uniforme que resulta el asfalto, más bien veremos un conglomerado de piedrecitas torradas y unidas por la brea, sin embargo, en algunos punto surgen abruptas cordilleras, pliegues de asfalto, con sus consiguientes y profundos valles y al fondo encontramos los huesos de la calle, unos cuadrados bastante más uniformes y geométricos que el caos del asfalto, estilo muy minimalista, aunque de superficie no muy lisa, y doy fe de eso, ya que de niño recuerdo, con sonrisa en la cara, el tembleque del coche de mi padre pasando por calles adoquinadas.
Así es, en ese punto y por arte erosiva, aparece un reducto del pasado. Quizás esos adoquines hayan soportado el casco de los caballos, los primeros tranvías y automóviles, habrán visto enaguas, piernas regordetas que marcaron el estereotipo de belleza hace un siglo, más o menos, y quien sabe que virgerias de la historia.
Se me viene a la cabeza una historia que me contó un hombre agradecido, decía que las primeras calles de Valparaíso, las primeras calles que debían ser adoquinadas, las de los ricos, se construian con los adoquines que hacían de lastre en las grandes naves mercantes que quedaban siniestro trás la travesía del Pacífico.
Con un poco de suerto estos cubos de piedra también tuvieron su pasado de gloria a bordo de una goleta de la armada, con más suerte pertenecieron a una intrépida nave corsaria y antes de reposar sobre el suelo de la ciudad merodearon los siete mares a la caza de maravillosos tesoros. ¿Quién sabe?.¿Quién sabrá?
Resulta curioso que los adoquines en un barco sirvieran para unirlo a la superficie del océano y en la tierra nos sirvieran para estar un poquito más cerca del cielo de nuestra ciudad, de nuestro cielo. Por eso al verlos, asomando timidamente, entre el actual y tendente asfalto, nuestra imaginación vuela muchos años atrás y nos presenta a nuestra ciudad en ropa interior, en plena pubertad, cuando pasaba de pueblo a ciudad industrial.
La verdad es que después de tantos años los únicos adoquines que veo con regularidad son los que me traen de Zaragoza y esos solo me recuerdan la Semana Santa, el Ku Klux Klan y los dentistas, pero ese es otro ejercicio de imaginación retrospectiva.
Muchas gracias por estar con nosotros y les recordamos que esto es solo un piloto.
domingo, 13 de enero de 2008
Centella...
Amadeo Picavia. Es un auténtico conjuntivista, nunca sabe por donde salir.
Tiene 25 años, o por lo menos, eso proclama su cédula de identidad, aunque él, y nadie más, sabe que en realidad su edad es menor.
Acaba de egresar de la universidad y encontrar trabajo en un importante bufé de abogados, lo que hace muy felices a sus padres y familiares más cercanos. Eso exactamente es lo que Amadeo ha estado haciendo toda su vida: hacer felices a otras personas. Incluso, dejando aparcada su propia felicidad.
Jamás habría ingresado en la facultad de derecho si no hubiera sido por las presiones familiares y las lecciones sociales que imparten los telediarios y demás medios de comunicación.
Pues bien, ahora trabaja en un importante bufé de abogados, viste elegantes trajes con raya diplomática, corbatas de seda natural y mocasines de ante, sin embargo, su lustroso uniforme y la tarjeta de diseño que entrega al presentarse no le rescatan de realizar las tareas más tediosas y poco reclamadas por los miles y miles de letrados que adornan las puertas de sus casas con una plaquita de metal grabada.
Mientras estudiaba supo adaptarse a las circunstancias, incluso descubrió temas interesantes, derecho mercantil, derecho comunitario, cualquier adjetivo que hiciera desaparecer el significado anatómico de derecho y lo elevara por las nubes había sido una justificación para sus actos. Pero aguantar cinco años de catedráticos engominados, compañeros de lujo (literalmente), artículos, códigos, sentencias...para terminar negociando la custodia del perro y mediando en la batalla por la colección de dedales de porcelana de la abuela era demasiado trágico.
Joder, Amadeo, ¡quería ser piloto!, pero no vayan a pensar en ese tipo de piloto, nada de uniformes, nada de grandes aviones con nombres de personajes históricos, ni azafatas, ni raciones individuales de jabón, pasta de dientes y un sinfín de artículos que nadie tiene en su cuarto de baño. Amadeo quería ser piloto de avioneta, de esas que fumigan campos, apagan fuegos y llevan correo a lugares remotos, Amadeo quería ser un piloto a la vieja usanza y, como Antoine de Saint-Exupéry, descubrir nuevas y peligrosas rutas aéreas, vestir la mítica chaqueta de cuero desgastado y cuello de borrego que lucían los héroes de la aviación, tener las manos llenas de aceite de motor, en definitiva, ser el único capaz de domar su avión. Podrán comprender que su delicado uniforme italiano no...
Este sueño despegó con un avioncito de madera que recibió una navidad, así que la aviación también era una imposición familiar, de Papá Noel, es verdad, pero a fin de cuentas familiar, y muy del gusto de Amadeo, así pues desde chico, y no es que alguna vez hubiera sido chica, soñaba con un biplano rojo adornado con poderosas llamaradas y letras doradas que hicieran saber a todos que su avión era: la Centella.
Su felicidad había sido arrebatada, por lo menos una parte importante de ella, sin embargo, Amadeo tenía algo a lo que aferrarse, un pequeño clavo ardiente de júbilo diario del que sostener su articulada, codificada y sentenciada rutina. Llevaba años viviendo auténticos momentos de placer al llegar a casa, desencorbatarse, descamisarse y descalzarse, siempre en idéntico orden, para después frotar sus dedos de la mano con los dedos de su pie izquierdo.
Desde su adolescencia había sentido la llamada de la comezón. Parece ser que se trata de algo hereditario, pues el padre de Amadeo, Salvador, también “padece” este insignificante mal, aunque él, probablemente, no lo viva de igual manera que su primogénito ya que lleva arrastrándolo desde Mayo del 68, año arriba, año abajo.
La cuestión es que, al principio, Amadeo empezó la relación con mal pie (nunca mejor dicho), llegaba a casa con un picor insoportable entre el meñique y el anular, si suponemos que los dedos de la mano y el pie coinciden en nombre,se descamisaba y descalzaba, a esa edad no usaba corbata, y frotaba y frotaba con la intención calmar el picor pero no mejoraba, en cuanto detenía el movimiento, parecido al que se hace con los dedos cuando alguien pide dinero, el picor aumentaba y para rematar, la fricción producía sudor, es decir, lubricante, los dedos resbalaban tan rápido que su efecto era nulo así que era necesario recurrir a técnicas especiales: el calcetín.
Cuanto más fino mejor, pues clavaba sus fibras mucho más profundo. La técnica es sencilla y efectiva, aunque requiere de práctica para llegar a obtener los máximos beneficios.
Se coge el calcetín por cada uno de sus extremos, la experiencia recomienda agarrarlo bien fuerte, después se introduce entre los dedos beneficiarios y se empieza a hacer un movimiento rítmico de arriba-abajo. La velocidad depende de la intensidad de la comezón y el tiempo de empleo, aquí es donde Amadeo pecaba de neófito, relativamente corto, hasta que puedas soportar la comezón que eres capaz de olvidar, pues si sobrepasas la capacidad de resistencia cutánea saldrán unas llagas espantosas aún más molestas que el picor, es decir, el remedio se transformará en algo peor que la enfermedad.
Sin embargo, cuando Amadeo lograba alcanzar el punto justo de velocidad-fuerza-tiempo la sensación de placer era tal que cerraba sus ojos y se dejaba llevar por espacios etéreos donde el ambiente era refrescante y suave, la brisa acariciaba su pelo y se sentía ligero como un pedazo de nube, toda la escena tenía colores pasteles mientras sonaba una dulce melodía, una cajita de música, en definitiva, experimentaba un placer físico, casi sexual.
Hoy día, se niega a ir al dermatólogo alegando que fue una vez y le dijo que era piel reseca, que la solución era mantenerla hidratada, a la pregunta de si tiene hongos en los pies contesta, muy sabiamente, que no es posible porque si fueran hongos se le habría contagiado el otro pie y lleva años con el picor solo en el izquierdo. Así es como mantenía intacto su pequeño tesoro, aunque no era demasiado complicado ya que sus modales burgueses le impedían frotarse en público o enfrente de desconocidos, y eso que la tentación había pesado sobre sus hombros más que el planeta en los de Atlas, aún así siempre esperaba a llegar a la familiaridad del hogar o, en su defecto, a algún lugar discreto.
Amadeo se convirtió con los años es un experto en el arte de rascar sus dedos, usa diferentes posiciones de fricción dependiendo de la zona que más pique y así la relación amor-odio que vivió durante tantos años ahora se ha transformado en un amor platónico.
El ritual diario consiste en desencorbatarse, descamisarse, descalzarse, siempre en idéntico orden, y frotarse los dedos anular y meñique del pie izquierdo hasta alcanzar el nirvana, aquella sensación que solo aparece cuando consigue que los tres factores decisivos del tratamiento coincidan en un punto concreto, aquella sensación etérea que para Amadeo es lo más cerca que estará de volar en su Centella a través del cielo ataviado con la brava chupa de cuero gastado y cuello de borrego.
martes, 1 de enero de 2008
Seria Macanudo...
Como mínimo debeis aprovechad las 366 oportunidad que vienen con los bisiestos pero podeís juguetear también con las horas, entonces las oportunidad aumentan considerablemente...
Por cierto...esto año aquella reducida parte de la población mundial que, para bien o para mal, nacio el 29 de febrero podrá celebrar su legítimo cumpleaños.
Aquellos que nacieron en un capricho del espacio-tiempo y que su edad siempre será el cociente entre la edad de sus compañeros de generación y el número cuatro ¡¡¡este es vuestro año!!!